26.08.2023

MI LESIÓN

6’ DE LECTURA

Te doy la bienvenida al blog con este primer artículo:) En este espacio hablaremos de cómo viví una lesión siendo músico profesional « clásico » al final de mis estudios superiores, de cómo me recuperé y de los tabúes que todo esto genera en el mundo de la música clásica.

Empezaré por contarles lo que me sucedió:

LA HISTORIA

Después de terminar el Bachelor de Violín en la HEMU, sede en Sion, Suiza, y continuando con la maestría en pedagogía, mi profesor me decía permanentemente de « estirar » el meñique (4° dedo) de la mano izquierda, porque éste quedaba « bajo », en cuanto a la afinación respecta. Mis manos son muy delgadas y mis articulaciones muy finas e hyper-flexibles; las manos de mi profesor son enormes y robustas.

« Abordar la técnica y la postura de manera general es como creer que todos podemos entrar en la misma talla de zapatos. »

Es así como empecé a estirar el dedo poniéndolo plano y no redondo, como generalmente lo ponía. Al cabo de 7 meses tocando siempre 8 horas al día (de la cantidad hablaremos luego), mi primera falange empezó a ponerse « morada » sentía algunas punzadas, pero nada grave, así que seguí tocando y luego, un día cualquiera, « el día negro de la historia » llegó : Dejé de sentir el extremo del dedo, intentaba apoyarlo pero el no respondía. Perdí la sensibilidad.

Después de eso, mi profesor me recomendó un osteópata, pero ningún ejercicio o masaje funcionaba; no obstante, el reposo no estaba dentro de mis planes en ese primer año de la maestría.

Finalmente empecé a cambiar las digitaciones de todo el programa de mi examen para tocar solamente con 3 dedos! 

Tuve que dejar algunas piezas en el camino y sustituirlas por otras, fué el caso de la fuga de la primera Sonata de J.S Bach.

Esta lesión duró casi 1 año y medio.

Lo más difícil fue:

  1. La gestión del estrés, sabiendo que ya no era capaz de hacer cosas que antes sí podía. 
  2. El sentimiento de impotencia al saber que no podía hacer que el dedo respondiera por mas horas que pasara practicando (luego hablaremos de la eficiencia en las prácticas).
  3. La obsesión que este problema generó, puesto que pensaba en ello día y noche.
  4. Sentir que nadie quería escuchar al respecto de una lesión. Las miradas de « compasión » y al mismo tiempo « no es mi problema ». Intentar hablar de esta situación con mis amigos y colegas y sentirme sola
  5. La pérdida de la confianza en mí misma. No me sentía en capacidad de tocar en público, me daba pánico pensar en pasajes rápidos y en cómo pondría las digitaciones para evitar el 4° dedo.

« Si no quieres perder conciertos y contactos, es mejor que no hables demasiado del tema ». Era lo que « el mundo clásico » me dio a entender. No tenía en ese momento las herramientas para poder solucionarlo, por más que trataba de crear ejercicios, de estudiar más, era como empeorar el problema, sentía hundirme cada vez más y más. Imaginen que están en arenas movedizas, mas te mueves, mas rápido te hundes

Aunque pasé ese primer examen de maestría, lo que siguió a eso fué la desmotivación. En 20 años de estudios, era la primera vez que me enfrentaba al hecho de no querer tocar mas violín

Mi motivación era intrínseca, (aquella que no necesita de un detonador externo pero solamente interno para generarse).

Y justamente eso fue lo que sucedió en el segundo año de la maestría. Simplemente mi mente entró en el modo « evitar el peligro », anulaba todas las clases de violín, no iba a los ensayos con la Pianista, tampoco me interesaba ir a los ensayos de música de cámara, mi mente se enfocó en terminar la tesis, en los cursos de pedagogía, los cuales me dieron un respiro muy grande, y en los diferentes trabajos que tenía como profesora de violín.

Casi al final del año escolar (marzo 2019) mi Profesor me recomendó una fisioterapeuta de la mano en Ginebra, Mme. Aude Hauser-Mottier, quién por la primera vez me dió las pistas de trabajo que necesitaba. Me dijo que mi problema no llegaba a ser una « distonía de función » pero una flacidez en los músculos internos de la mano debido a una mala postura, al dislocamiento del hombro izquierdo, una desviación en las cervicales y a una falta de tonicidad en los músculos que unen los omoplatos a la columna.

En ese último tramo de la maestría, decidí por primera vez escoger mi programa de examen sin seguir a la letra lo que mi profesor me sugería. Decidí compartir ese momento final con mis amigos, tocando el concierto en Mi mayor de Bach con orquesta de cuerdas y clavecín, invité a uno de mis alumnos, Xavier Jambers a tocar unos dúos de Léopold Mozart. Decidí que disfrutaría ese momento porque me lo merecía después de haber atravezado dos años tortuosos.

Y así terminé mis estudios en Suiza, tocando la sonata de C. Debussy solamente con 3 dedos. Y aún así obtuve la nota mas alta de mis estudios en ese lugar!

LA LESIÓN

Luego dejé de tocar violín durante 1 año, solamente enseñaba y limitaba mis momentos de práctica y cualquier concierto que me propusieran. 

En el verano del 2019 fui a una academia de verano en pedagogía Paul Rolland en Estados Unidos. Eso fue lo que realmente empezaría a ayudarme para la reeducación. Allí aprendí, gracias a Lynne Denig quien me mostró que la mentonera debe ser adaptada a la altura particular del cuello, y que la hombrera no puede sustituir, de manera saludable (a nivel postural) esta falla tan común en la adaptación de la mentonera.

Después de dejar de tocar durante 1 mes, luego de mi examen, llegué allí a tocar y a darme cuenta que no podía mantener mi instrumento por 10 minutos sin sentir un dolor agudo en el hombro y en la espalda, gracias a la profesora de técnica Alexander Abigail Albaugh Martinez, aprendí que el cortisol (la hormona del estrés) inhibe a los neuro-receptores de recibir información que no sea estrictamente necesaria para mantener el cuerpo en vida (respirar y los latidos del corazón), es decir la información del dolor se inhibe porque nuestra « super computadora » está sobrecargada  con todo el estrés al que sometemos el cuerpo y la mente de manera repetida.

Aprendí que todo nuestro cuerpo está unido, y que incluso una tensión en los pies afecta nuestra postura en la cabeza, en los hombros, en la espalda, etc.

Y como era de esperar, el hecho de dislocar el hombro izquierdo repercutió en la lesión del 4° dedo. Al desviar los músculos por medio de una « torsión » del hombro y añadir el hecho de estirar el dedo con una postura inadecuada, fue como cortarle la circulación al extremo del dedo. Imaginen que conectan una manguera y empiezan a enroscarla, llegará un punto en el que el agua no saldrá más! 

Y justamente eso fue lo que le sucedió a mi dedo, la mala postura empezó a causar distonicidad en los músculos, la cabeza inclinada haciendo que las cervicales oprimieran los nervios conectados a la mano y por último el estiramiento del dedo causó el « estrangulamiento » de la última falange! « El preámbulo de una muerte anunciada »💀🤪

LA REEDUCACIÓN

Luego del curso en Estados Unidos dejé Suiza para mudarme a Perú (por qué🤷🏽‍♀️? en otro artículo les contaré). Allí empezó verdaderamente la reeducación. Decidí entonces dejar la hombrera 🤯, lo que hasta ese momento parecía « misión imposible ». Empecé a inventar mis propios ejercicios y gracias a una amiga  Gabrielle Maillard (a quién siempre vi tocando sin hombrera) que me recomendó realizar los ejercicios de Y. Menuhin. Aprender a utilizar el pulgar de manera activa, y dejar a mi estructura ósea hacer el mayor trabajo para « sostener » el instrumento. 

En este punto solo puedo decirle gracias a la vida por el confinamiento que el covid trajo consigo en el 2020. Esto me dio mucho tiempo libre y en tranquilidad para trabajar a mi ritmo y sin ninguna presión.

De este tema: en cómo el sistema te obliga a seguir un ritmo para obtener resultados, y que el objetivo final sea tocar « perfecto » deja completamente de lado el proceso de aprendizaje (de esto hablaremos luego).

El objetivo era sólo de reconstruirme, reencontrar la niña que amaba tocar violín e improvisar, porque no necesitaba palabras para expresar lo que sentía. De sentirme cómoda tocando, de deshacer todo lo que había aprendido para buscar simplemente un confort físico antes que nada, y el punto de enfocar toda mi energía en « estar presente », en hacer que cada minuto que pasara con el violín fuera constructivo, eficaz y de calidad.

Empecé a hablar del tema abiertamente a través de los diálogos #SANDRA&FRIENDS, a realizar proyectos digitales de música popular, de cine, de video-juegos. A aprender otras habilidades como editar videos, hablarle a la cámara para grabar los videos para el canal de YouTube, a cantar y a tocar para mí, osando mostrar un trabajo en construcción pero que me daba mucho gusto realizar. 

En medio de esta reeducación empecé a descubrir nuevas actividades, nuevas habilidades que tenía dormidas, y que sin este tiempo obligado de reposo con el violín quizás no hubiera tenido la oportunidad de descubrir. Me enfoqué aún más en el deporte y descubrí una nueva pasión, correr! Retomé el levantamiento de pesas, a realizar estiramientos y yoga de manera mas frecuente, de aprender un nuevo idioma. A darme el tiempo de escribir, de meditar y procesar todo lo que me estaba sucediendo. 

Empecé a sanar cuando enfoqué mi energía en construir lo nuevo, en construir la vida que quería para mí. Cuando entendí que esta lesión era una oportunidad para reencontrarme, para re-conectar, para poner en perspectiva todos mis aprendizajes y no hacer de ellos una verdad absoluta. Para entender que la vida es mucho más que solo en blanco y negro, tiene muchas tonalidades, y allí en ese punto entendí que podía ser muchas otras cosas a parte de « ser violinista y pedagoga », que podía realizar todo lo que me propusiera, con una gran diversidad. Atleta, auto-emprendedora, viajera, modelo, poliglota (con un 4° idioma).

Podrán preguntarse ahora cuanto tiempo me tomó esa recuperación? Yo diría que 3 años, pero ahora habiendo pasado 4 años, puedo decir que he recuperado un 85-90% de la habilidad en el dedo. La reeducación continúa, nuevos desafíos y proyectos vienen en camino😁.

Cuéntame qué te ha parecido este primer artículo? Te ha sucedido algo similar? O conoces a alguien que tuvo que pasar por situaciones parecidas? Te has identificado con algún aspecto de los que he hablado y te gustaría que ahondara mas en el tema? Crees que este tipo de tabúes de estar lesionado existen en el mundo de la música clásica, en la danza profesional, en el arte o en general?

Me encantaría leer tus comentarios, tus anecdotas, tus puntos de vista y crear una comunidad de intercambio de ideas, de apoyo mutuo, de levantar la mano para decir basta a tantas cosas que parecen lógicas, pero que destruyen en el camino de esa búsqueda de « perfección ».

Los leo chimuelos😊

Besitos y abracci🤗

Sandra.

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